El Agua en la Cerveza: La Química que Hace la Magia (¡Y la Dureza también!)

by David Martín Rius

El protagonista inesperado: ¡el agua!

Cuando pensamos en la elaboración de cerveza, lo primero que nos viene a la mente son la malta, el lúpulo y la levadura; sin embargo, un aliado silencioso pero fundamental es el agua. Este recurso, a menudo pasado por alto, influye en gran medida en el perfil final de cada trago, cargando en su interior una serie de minerales y iones que pueden potenciar o arruinar una buena receta si no se manejan con cuidado.

Más allá del sabor: cómo los iones modifican la experiencia cervecera

El contenido mineral del agua no solo determina su calidad para la elaboración, sino que también impacta en el perfil aromático y en la sensación en boca de la cerveza. Por ejemplo, sustancias como el sulfato de calcio o el carbonato de calcio pueden aportar un toque sutilmente amargo o astringente. Si hay demasiado calcio o magnesio, podrían introducir un matiz metálico no deseado. Y en exceso, el sodio puede dar ese sabor salado que no muchos aprecian en una pinta, mientras que los cloruros, en cantidades moderadas, enriquecen el cuerpo de la cerveza y hacen que cada sorbo sea más robusto.

El agua ideal: ¿existe un tipo perfecto para cada estilo?

Contrario a lo que muchos piensan, no hay un solo tipo de agua que sea la cura absoluta. La clave está en entender qué cualidades necesita cada estilo de cerveza. Por ejemplo, el agua clásica de Burton-on-Trent, en Inglaterra, se caracteriza por su alta concentración de sulfatos y calcio, perfecta para las ale ligeras y secas que buscan un perfil más afilado. En contraste, la famosa agua de Pilsner, en la República Checa, es mucho más suave, con pocos iones y poca dureza, ideal para las lager de estilo Pilsner. Así, mientras unos prefieren una agua dura y llena de minerales, otros buscan pureza casi cristalina; todo depende del estilo final que deseas crear.

La química del agua en cifras: entender la dureza y cómo medirla

El concepto de dureza del agua se relaciona con su contenido de calcio y magnesio. La mayoría de las veces, se mide en partes por millón (ppm) y la clasificación va desde aguas muy blandas, con menos de 100 ppm, hasta las extremadamente duras, que superan las 400 ppm. Es importante distinguir entre dureza permanente, que no desaparece al hervir, y la temporal, que sí puede reducirse con calor. La dureza aporta ventajas o desventajas según el tipo de cerveza que elijas elaborar; por ejemplo, la dureza permanente favorece cervezas como las Pale Ale, mientras que la temporal puede ser mejor para las cervezas oscuras debido a su efecto en el sabor y el color.

¿Por qué y cómo ajustar el contenido mineral del agua?

Conocer el perfil de tu agua te permite jugar con sus minerales para obtener resultados que se acerquen a estilos específicos. La buena noticia es que, si tienes agua blanda, tu tarea será más sencilla: solo añadir minerales en la cantidad necesaria. Pero si cuentas con agua dura, tienes varias armas a tu disposición, desde métodos caseros como la ebullición hasta equipos más sofisticados como filtros de ósmosis inversa o destiladores domésticos. Ebullicar es particularmente útil para reducir la dureza temporal, ya que precipita minerales como el carbonato de calcio y elimina el olor a cloro. La ósmosis inversa, por su parte, elimina casi todos los iones, brindándote un lienzo en blanco para crear cualquier estilo que te propongas.

Resaltar los minerales: enriquece y equilibra tu agua

Agregar minerales al agua también es una parte esencial del proceso. La elección del suplemento mineral dependerá del estilo buscado y del perfil del agua inicial. Por ejemplo, el yeso (sulfato de calcio) se usa para añadir dureza permanente y un carácter seco, astringente, perfecto para ale light y de cuerpo medio. El carbonato de calcio, en cambio, ayuda a aumentar la alcalinidad y el pH en cervezas oscuras. Por otro lado, el cloruro de calcio se destila a mejorar la sensación en boca y añade un dulzor suave, enriqueciendo el cuerpo final de la cerveza. Sin olvidar que en ciertos casos, el magnesio también juega un papel en la percepción de sabor, pero su manejo requiere cuidado para evitar sabores demasiado metálicos o amargos.

Cierre con ciencia y creatividad

Dominar la química del agua en la elaboración cervecera abre un mundo de posibilidades para experimentar y perfeccionar tus recetas. La clave está en entender qué minerales quieres potenciar y cuáles debes reducir para que cada estilo tenga su carácter único. En cada término, en cada sorbo, la historia química que hay detrás del agua que usaste y ajustaste se refleja en el sabor, aroma y sensación del producto final. La próxima vez que levantes una copa, recuerda que en ese líquido una parte importante de su magia es, en realidad, química muy bien controlada y a tu alcance.

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