Un legado que fermenta a través del tiempo
La historia de una de las cervecerías más emblemáticas de Bélgica inicia en 1784, en un pequeño pueblo cercano a Gante, cuando Jean Baptiste De Bruin decide dar vida a una idea que hoy perdura. Su humilde nombre, Brouwerij De Peer, pronto se convertiría en un símbolo de tradición y pasión por la cerveza artesanal. La tradición familiar continuó con Angelina Petronella Schelfaut, quien, tras enviudar, tomó las riendas para mantener vivo el espíritu de la producción artesanal familiar, pasando el legado a su sobrino Jozef Schelfaut.
Transformaciones tras las guerras y la ciencia en la botella
Después del tumulto de la Primera Guerra Mundial, la cervecería cambió de manos a manos de Paul Van Steenberge, un científico con visión moderna, cuya expertise en microbiología impulsó nuevas técnicas y sabores en la producción. En 1919, rebautizaron la cervecería como Bios, reflejando una etapa de innovación. La invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial puso a prueba su supervivencia, pero fue en la década de los cincuenta cuando Jozef Van Steenberge asumió un papel fundamental, ajustando el rumbo hacia la creación de cervezas de fermentación alta, un estilo que todavía hoy caracteriza a sus productos más queridos.
La búsqueda de identidad y variedad
El alcance de la cervecería se amplió claramente en 1978 con la adquisición de recetas tradicionales, especialmente la mítica Augustijn, una cerveza de abadía que se convirtió en un ícono de la marca. En los siguientes años, la innovación continuó con el lanzamiento de emblemáticas etiquetas como Piraat y Gulden Draak, cada una con su historia y carácter únicos. La llegada de la tercera generación, liderada por Paul Van Steenberge y luego Jef Versele, vio una modernización tecnológica significativa, además de una sensación renovada de orgullo familiar y visión internacional.
Leyendas y símbolos: el Dragón Dorado y su legado
La figura del Dragón Dorado trasciende la cervecería, envolviéndose en mitos y simbolismos. Se dice que fue un regalo del rey noruego Sigrid Magnusson, en 1111, destinado a adornar la icónica iglesia Santa Sofia en Turquía. Luego, en la época medieval, fue recuperado por los habitantes de Gante tras sucesivas batallas, convirtiéndose en un protector de la ciudad durante siglos. Aunque fue tallado en 1377 sin patas, su presencia sobre la torre del campanario es vista como un símbolo de poder y libertad, además de un guardián legendario que alguna vez fue capaz de escupir fuego en las celebraciones.
De la leyenda a la etiqueta: Gulden Draak en la historia cervecera
El nombre Gulden Draak, que en holandés significa ‘Dragón Dorado’, refleja la herencia y orgullo de Gante. Se trata de una cerveza de fermentación alta, del género Belgian Strong Ale, con una graduación alcohólica notable, de 10,2% ABV. Su historia empezó como un encargo especial para un alcalde cercano, pero pronto conquistó paladares internacionales tras captar la atención de consumidores italianos. La magia de esta cerveza radica en su complejidad: su color cobre oscuro, su aroma profundo a maltas tostadas, y su sabor que combina notas a caramelo, frutas negras y un amargor elegante que se prolonga en cada sorbo.
¿Qué hace especial a Gulden Draak?
Su apariencia opaca y burbujeante crea una espuma cremosa que invita a degustar, mientras que su aroma profundo y licoroso prepara el paladar para una experiencia intensa. En boca, su cuerpo medio a alto se siente sedoso, con una sensación untuosa y una chispa de carbonatación que limpia el gusto y realza su perfil alcohólico, dejando una estela de sabor duradera y equilibrada.
¿Para quién es esta joya cervecera?
Ideal para quienes disfrutan de cervezas con carácter, paladares exigentes que buscan una bebida que trasciende la simple refrescante y ofrece notas complejas y una historia rica en cada sorbo. Es una elección perfecta para maridajes con quesos intensos, carnes rojas o postres sofisticados que necesitan una contraparte robusta.