¿Se apaga la llama de la tradición trapense en Bélgica? La historia de una cerveza en vía de extinción

by David Martín Rius

El fin de una tradición cervecera que parecía eterna

Una de las cervezas más emblemáticas de Bélgica, reconocida por su tradición y calidad, enfrenta un desafío que podría marcar un antes y un después en su historia. La desaparición de la comunidad monástica que la producía en la Abadía de San Benito en Limburgo ha puesto en jaque su denominación como producto trapense, aunque la cerveza en sí sigue en las estanterías.

¿Qué significa ser una verdadera trapense?

Para entender la magnitud del acontecimiento, es importante recordar qué implicaba ser una cerveza trapense. Se trata de una categoría reservada a las cervezas elaboradas en monasterios bajo la estricta supervisión de monjes trapenses, una rama de los benedictinos muy dedicada a la vida religiosa y al trabajo comunitario. Sus reglas son bastante claras: la producción debe realizarse dentro de los muros del monasterio, y las ganancias deben ser destinadas exclusivamente al sustento de la comunidad y a iniciativas sociales.

La tormenta perfecta: monjes desaparecidos y reglas incumplidas

Desde hace medio año, en la Abadía de San Benito no hay ningún monje habitando en su comunidad. La falta de vocaciones y la gradual “despoblación” han llevado a que, oficialmente, la producción de la cerveza ya no pueda considerarse trapense bajo los estrictos parámetros internacionales. La marca, que durante décadas fue un símbolo de calidad y tradición, ahora se encuentra en un limbo legal y simbólico.

¿Qué cambios traerá este giro para la etiqueta?

La Iglesia y los responsables de la abadía aseguran que, en la práctica, no habrá una interrupción en la producción. La cerveza seguirá existiendo, pero con un pequeño cambio: en las etiquetas, el sello que mostraba con orgullo su origen trapense desaparecerá, seguramente reemplazado por un diseño más neutral o incluso eliminado por completo la referencia. El abad Nathanaël Koninkx, de la Abadía de Westmalle, quien ahora supervisa la elaboración, insiste en que la calidad y el sabor se mantienen intactos, aunque la etiqueta tal vez tenga un aspecto menos “trapezista”.

Situación internacional y una lista en constante cambio

Con este cambio, Bélgica reduce oficialmente su lista de cervezas trapenses genuinas a cinco: Westvleteren, Westmalle, Orval, Chimay y Rochefort. Sin embargo, esta situación no detiene el crecimiento y reconocimiento mundial de todas ellas. La popularidad de las trapenses en el extranjero ha ido en aumento, con productores en lugares como Holanda, Austria, Estados Unidos, Italia y el Reino Unido, que han seguido enriqueciendo el legado con nuevas propuestas que mantienen vivo el espíritu de la tradición monástica.

¿Podrán las comunidades trapenses seguir prosperando en el futuro?

El caso de la abadía belga refleja un problema más amplio en el mundo monástico: la disminución de vocaciones y las dificultades para sostener comunidades de monjes en una sociedad moderna y cambiante. A pesar de ello, la historia de las cervezas trapenses continúa creciendo, adaptándose a nuevos contextos y conquistando paladares en todo el mundo. La lucha por mantener viva una tradición, incluso en tiempos de desafíos, deja abierta la puerta a nuevas formas de preservar un legado ancestral—que, más allá de las etiquetas, siempre encontrará la manera de persistir.

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